Creo que exceptuando a los habitantes de la isla de Sentinel del Norte, este año no fue "normal" para nadie en este planeta. La pandemia que transitamos no sólo nos ha hecho adecuar nuevos hábitos, sino que nos ha obligado a re-adaptar las rutinas: desde las individuales (el boom del teletrabajo y las clases por videoconferencia quizá como los mejores ejemplos) hasta las sociales (por poner un ejemplo, el 27 de septiembre tuvimos elecciones en Uruguay que debieron ser en mayo). Otra de las rutinas que se vieron alteradas (de las que más me apasiona) fue la temporada de polo en Argentina. Lo normal indica que a esta altura del año se tendría que estar desarrollando el primero de los tres torneos de la Triple Corona. Según acabo de leer en la ClickPolo 435 el torneo empezaría el 20 de octubre.
Es de necio negar que la situación actual de Argentina es, cuanto menos, compleja (aunque abundan de estos seres): no sólo en lo que refiere a la pandemia; a niveles económico y social la situación es igual o peor. El resto del continente, en mayor o menor medida, también vive horas complicadas. En medio de todo este lío, la (bendita) CONMEBOL no tuvo mejor idea que reanudar la Copa Libertadores, que a diferencia de su par europeo, que resolvió el torneo continental alojando a todos los clubes en una sola ciudad, se decidió que los clubes viajen por todo el continente, incluso con jugadores infectados y otros que resultaron infectados luego de algún viaje. Pero de la (bendita) CONMEBOL nada debería sorprendernos. Algunos países incluso ya juegan los torneos domésticos bajo protocolos y "nueva normalidad". En Argentina el torneo local no se juega, aunque esto debe de ser lo menos preocupante: el Estado pareciera estar hibernando, hay sectores de la industria paralizados y un número importante de empresas han cesado actividades, lo que arrastra que miles de personas hayan perdido sus empleos. Así y todo la realidad, hay genios que necesitan ponerle una fecha de vuelta al torneo de fútbol local, ignorando la delicada situación del país.
El polo tiene la maldita fama de ser un "deporte de chetos", y que si no pertenecés a cierto círculo, no podés siquiera mirar un partido por televisión. Por suerte habemos personas que entendemos que esto no es así y queremos que el polo sea igual o más popular que el fútbol. Esa fama, que además de falsa, sólo genera división, y si hay algo que Argentina no necesita más son divisiones. El ícono de la desmitificación del polo como "deporte de chetos" con seguridad es Adolfo Cambiaso, tanto llevando a la hinchada de un cuadro de fútbol a Palermo como difundiendo el deporte en uno de los programas más vistos de la televisión.
En tiempos como estos, es más que urgente tener claro cuales son la prioridades. Por eso creo que, el polo todo, debe mostrar empatía: empatía con quienes tuvieron o tienen el virus, empatía con los familiares de las víctimas del virus, empatía con aquellos esenciales que salen a jugarse la vida haciéndole frente al virus, empatía con los cientos de miles que perdieron sus trabajos, empatía con aquellos que piensan en irse del país (o ya se fueron, como es mi caso); esa empatía que no está demostrando el más "popular" de los deportes, esa empatía que no está teniendo la casta política, esa empatía que, en el imaginario popular, el polo no tiene porque es un "deporte de chetos".
¡Que la bocha no ruede este año! ¡Que las yeguas aprovechen y corran libres por el campo! ¡Que la Dorrego lateral nos espere otro año, vamos a volver a para compartir mates con más ganas que nunca! ¡Que no se juegue!
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Ojo con lo que vas a decir.